Uno sólo es dueño de sus nostalgias y del infame hueco entre el mañana y el ayer;
Uno sólo es dueño del amor de un amigo, que sin ser familia es leal y fiel;
Uno sólo es dueño de una muerte y de una vida, sólo de una niñez y de un recuerdo;
Uno sólo es dueño de un amor eterno, ese que lejos o cerca, vivo o muerto seguirá ardiendo;
Uno sólo es dueño de su llanto y de una canción que duele siempre en el pecho;
Uno solo es dueño de una brisa, de una lluvia repentina, de la calle donde jugó de pequeño;
Uno sólo es dueño de un Dios, de un primer amor y a veces de un último beso,
Uno sólo es dueño de su silencio y quizá uno es dueño de más errores que de aciertos, pero también de más abrazos que desprecios.