La noche en que te marchaste llovió. El día fue caluroso como pocos, la gente caminaba desesperada y entre ellos, también desesperado, caminaba mi corazón buscando quizá una forma más simple de ver la vida o con algo menos de dolor
La noche llegó al fin, se tiñó de grana en vez de carbón pero se aburrió el viento en su espera y se durmió, la humedad reinó y en mi alma reinó la angustia por la asfixia de tu ausencia, de haber pedido que te marcharas pues fue necesario elegir entre dos males el menos peor
Era tus besos o mi sonrisa, tus jadeos o mi corazón, era tu mirada o mi ceguera, tu presencia o mi razón, había que escoger y esa misma noche por primera vez en el año llovió, fue presagio o augurio o consuelo o llanto celestial, no lo se, sólo se que también llovió en mi corazón
Y te llevó el agua al rio y el rio al mar y la mar te abrazó. Nunca mas volví a verte, tu nombre nunca mas se pronunció, pero dejaste una marca en mi alma y un tenue recuerdo de cuando nos quisimos, de las tardes grises aquellas en que cualquier ignorante pudo haber pensado que lo que hacíamos se llamaba amor
lunes, 29 de marzo de 2010
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