lunes, 29 de marzo de 2010

Lluvia primera

La noche en que te marchaste llovió. El día fue caluroso como pocos, la gente caminaba desesperada y entre ellos, también desesperado, caminaba mi corazón buscando quizá una forma más simple de ver la vida o con algo menos de dolor

La noche llegó al fin, se tiñó de grana en vez de carbón pero se aburrió el viento en su espera y se durmió, la humedad reinó y en mi alma reinó la angustia por la asfixia de tu ausencia, de haber pedido que te marcharas pues fue necesario elegir entre dos males el menos peor

Era tus besos o mi sonrisa, tus jadeos o mi corazón, era tu mirada o mi ceguera, tu presencia o mi razón, había que escoger y esa misma noche por primera vez en el año llovió, fue presagio o augurio o consuelo o llanto celestial, no lo se, sólo se que también llovió en mi corazón

Y te llevó el agua al rio y el rio al mar y la mar te abrazó. Nunca mas volví a verte, tu nombre nunca mas se pronunció, pero dejaste una marca en mi alma y un tenue recuerdo de cuando nos quisimos, de las tardes grises aquellas en que cualquier ignorante pudo haber pensado que lo que hacíamos se llamaba amor


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