Existe una mirada de la que soy cautivo. Preso, casi esclavo de tu mirada caída, de las líneas de tus cejas que con hipnótico vaiven me empujan al suelo y al mismo tiempo me evocan el mismo cielo
De esa mirada huyo, como la liebre del chacal. Se que no sobreviviré si me atrapa nuevamente. Se que moriré en el umbral de tu pupila. Devorado por el deseo de hacer mía tu mirada, cruel e inalcanzable horizonte que enguye los mas bellos soles del atardecer
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