Veo el papel en blanco, agacho la mirada y pienso en ti. Inundas mi mente de deseos, de risas y encantos, de sueños que jamas soñé antes pero que ahora los siento tan míos como si en lugar de sueños fuesen recuerdos de un ayer
Así divago entre ayeres que no viví y mañanas que son sólo sueños, me yergo sobre nubes de algodón azucarado y consciente de la falta de maderajes y asideros apresurado corro hacia tu mirada, vuelo hacia tus labios, me deslizo hacia tus brazos
Y en medio de una nada envolvente de silencio, tengo por fin tiempo para escuchar los latidos de un viejo amigo, que ahí dentro, como fiel maquinaria de carbón palpitante, y al menos fiel hasta el momento, me dice: "Ey! quédate tranquilo, yo estoy feliz"
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