viernes, 18 de noviembre de 2016

Tía

Dócil, cuál hoja de almendro con la que juega el viento a su antojo y anhelo está la anciana arrugada por el tiempo, abrumada por un dolor y por el humo de lo frijoles que se cuecen lento, por el polvo que le mella la piel entre añoranzas y recuerdos 


Se inclina sobre un plato y hace el intento de volver la vida al cuerpo, pero la vida se le anda yendo, va y vuelve, cada vez más corta como el verano, cada vez más seca como la tez de un suace viejo, el río ya no canta, solo un gallo a lo lejos y se cuecen los frijoles para el almuerzo 


Su dolor, fiel compañero, la acaricia desde adentro y entre tos y tos pregunta que fue de lo otro y que fue de aquello, susurra y a veces ordena la vieja madre, pero es solo un tanteo de ser quien fue en otro tiempo, pues lentamente se le apaga el fuego

Ya están los frijoles, hay que comerlos!


Agua caliente
16 Nov de 2016

1 comentario:

  1. Aunque ...
    Ella no es como tu la describes, lleva las arrugas incrustadas hasta el fondo de la piel .
    Los harapos le cuelgan en el letargo de las penas y alcanza las manos temblorosas , busca en el cielo los candiles apagados .
    Tristemente camina por las calles , dándole mordiscos al viento que apresura el paso para no tocarla . Y la tirita como brisa mañanera al compás de la melancolía que escupen los pájaros.
    La vieja huesuda que de tanto navegar sin rumbo rasgo las paredes grises. Y grises están sus cabellos a puñados, setenta diluvio fantasmales en un pecho adolescente de ternura...
    LF.

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