Insipiente belleza la del rosal en flor, la del cielo diáfano en la noche plagada de estrellas. Pierde sentido la vida y la muerte, la gravedad y el espacio, el dolor y el ayer. Nada existe, nada vale. Sólo un perpetuo ahora, cuando mis ojos se pierden en tu mirada y mis labios vuelven a probar el dorado de tu piel.
Contemplarte es ver caer un sol de fuego rojo y hundirse en el mar, pues se que miles verán tu rostro pasar por esta vida pero sólo yo me sentiré saciado, sólo yo sentiré que puedo morir después de un beso de tus labios, sólo mi corazón bailará por siempre en un mismo son con el tuyo, aún cuando sus latidos se callen por siempre y por nuestra ausencia repiquen los campanarios.
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