Busco lo insólito, lo que existe en un cuarto vacío repleto de luz, lo que está ahí pero nadie ve, lo que todos podemos percibir en el aire, en el aroma, pero nadie sabe que es.
Busco lo que la mirada del expectante desea encontrar en un mar plano, suave, infinito, lleno pero vacío a la vez, cuando un sol le corona y le baña de su sangre dorada hasta desfallecer.
Busco lo que el recién nacido en la tibieza de un regazo, en el pezón cálido de cuya descripción ni se entera, no sabe nombres ni parentelas, y sin pensar en el por qué, lo ansía, lo desea.
Busco lo que el ciego en su mirada perdida, en su noche eterna, en su sonrisa plena, en su lástima por el mundo, ya que el desdichado para bien o para pena logra ver en sus adentros lo que los demás no encontramos afuera.
Busco lo que nadie encierra, el ave perdida, el breve instante entre la noche y el día. La canción no cantada y por todos tarareada, la paz del que aun no nace o del que recién muere. Busco y el que busca encuentra.
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