Vive el hombre construyendose caminos, fijándose bien por donde vino por si hay que regresar. Vive el hombre los minutos de su día con tal desdén que cualquiera pensaría que la vida se vive cien veces y que no hay nada que no se pueda remendar
Vive el hombre bajo luz y sombra, bajo lluvia y sol, bajo techos de oro y también de cartón. Vive soñando con el mejor mañana que todo buen hombre debe soñar y no se da ni cuenta que el día murió, que la vida se fue, que era un costal de niebla, un sueno de ilusión
Vive el hombre viajando y radicando, escribiendo e inventando. Con caras impávidas recorre el hombre sus grandes calles buscando alguna dirección, y no sabe el hombre que su mayor destino es sólo amar a quien estando a su lado le negó una sonrrisa y la cara volteó
Vive, muriendo un poco cada día, el hombre, pensando que vive de poco a poco, que vive más, y no se entera o no quiere asomarse para ver que llena con sus días trabajados y sudados un barril sin fondo, que solo añade arena a la arena de la playa donde su barco un día atracó
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