Todo tiene su segundo de importancia, de belleza, de relevancia. Como la flor que orgullosa se yergue sobre un tallo recto y espinado y viéndose cara a cara con quien la creó se piensa la más bella, que nunca antes en la tierra se vio tal esplendor
Pero la flor que al sol su energía arrebata y que en importante pedestal se cree segura, no sabe que esa misma luz la hará doblegarse ante un final inexorable y que el mismo suelo que la sostuvo erguida es sepulcro de muchas otras de igual estirpe y fascinación
Así el llanto del hombre, agua que brota de la misma agua, perlas hechas del dolor, es fin de toda alma que en este mundo florece. Pero esos segundos de importancia, de belleza y de ilusión se vuelven razón suficiente para emerger y así mismo sucumbir ante el sino tácito y ambiguo del hombre: vivir para morir
No hay comentarios:
Publicar un comentario